¿Y ahora qué vamos a comer?

En Venezuela hemos llegado al punto en que no importa cuánto dinero se tenga si no hay productos que comprar.

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El creciente desabastecimiento nos colocó a todos en la misma categoría de seres prácticamente desesperados buscando comida. Esta afirmación puede sonar un poco dramática y especialmente a inicios de año, pero todos seguramente hemos ya tenido esa percepción. Es cierto que por razones estacionales, todos los primeros días del año se caracterizan por la disminución de la oferta de bienes y servicios; sin embargo, este enero los anaqueles lucen como un desierto.

En algunos establecimientos no se observa ni la sombra de un tomate o una cebolla y mucho menos de una docena de huevos, producto que ya es un lujo en Venezuela. El “socialismo del siglo XXI” al fin ha logrado su objetivo, igualarnos a todos en base a la necesidad. No importa si se tiene o no dinero, cuando no hay productos que adquirir. Así que ya hasta las diferencias por ingresos recibidos comienzan a diluirse. Como escribí en una de mis columnas para este medio el pasado mes de diciembre uno de los escenarios que parece hacerse realidad poco a poco es la mayor  dependencia de la población de los Comités Locales de Abastecimiento  Producción (Clap) para conseguir los alimentos de la cesta básica, según publica el portal Venepress.  

Las recientes actuaciones de la Superintendencia de Precios en las principales cadenas de supermercados podría tener también ese fin, además del anticipado efecto electoral o el de chantaje a la comunidad portuguesa para evitar su apoyo a las tan temidas sanciones europeas. Percibo que sobre la mesa hay diferentes movimientos realizándose por parte del gobierno, que les podrían permitir calcular cuál es el camino correcto para seguir en el poder y hacer a la ciudadanía cada vez más sumisa bajo la premisa de la dependencia alimentaria.

Y fíjense estimados lectores que estamos ya hablando solo de oferta, de existencia de productos, pues el tema precios parece quedar en un segundo lugar en este instante.

Ya la evaluación de si un producto  vale o no vale lo que cuesta, creo que está quedando un poco atrás ante la angustia del total desabastecimiento que nos amenaza. Este lunes la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional dio a conocer las cifras de inflación de todo el año 2017 y del mes de diciembre. 85 por ciento y 2616 por ciento respectivamente.

Las razones siguen siendo las mismas políticas ineficientes y obsoletas a las que no se suman correctivos sino mayores errores.

El gobierno intentó en diciembre dar una sensación de prosperidad a través de promesas que no pudo cumplir o que cumplió a costa de otros, como e caso de la distribución de talonarios de bonos que comerciantes se vieron en la obligación de recibir  y ahora no saben cómo canjearlos por dinero ni quién responden por ellos, tal como denunció Consecomercio a fines de año.

La emisión de dinero inorgánico, sin respaldo en 2017 fue tal, que al final del ejercicio el gobierno intento recoger liquidez como sea y esa es una de las razones por las cuales se decide volver a emitir el ticket alimentación en papel. Con la diferencia que ahora habrá más resistencia por parte de los comercios para recibirlos, no vaya a ser que se les queden en las manos como los repartidos este mes de diciembre.

Los diagnósticos ya están hechos, solo falta un poco de voluntad por parte del gobierno para iniciar los cambios que el país pide a gritos. Pero esta “voluntad” parece costarle demasiado en su camino para perpetuarse en el poder por el poder mismo.