Senado confirma a Rex Tillerson como secretario de Estado de EE.UU.

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Viene de presidir Exxon Mobil, empresa con la que el chavismo ha tenido más de un conflicto

El Senado de Estados Unidos aprobó al nominado del presidente Donald Trump para secretario de Estado, Rex Tillerson, para que ocupe dicho cargo. Tillerson, hasta el año pasado presidente de la petrolera Exxon Mobil, se convierte así en el principal asesor de Trump en política internacional y el funcionario de mayor rango del gabinete después del vicepresidente, Mike Pence. Fue confirmado con 56 votos a favor por la cámara alta, contra 43 en contra.

Al igual que otros de los seleccionados por Trump para integrar su gabinete (y el propio Presidente), Tillerson, de 64 años de edad, no tiene ninguna experiencia previa como funcionario público. Es ingeniero civil e hizo su fortuna (valorada en 245 millones de dólares) en la industria petrolera.

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En 1998 alcanzó la presidencia de la subsidiaria Exxon Neftegas y se volvió responsable de las operaciones de la petrolera en Rusia. Rápidamente estableció vínculos fuertes con el gobierno de ese país y sobre todo con su actual jefe de Estado, Vladimir Putin. Por ello, Tillerson, se opuso a las sanciones internacionales a Rusia durante la guerra civil ucraniana. De hecho, en 2013 fue condecorado con la Orden de la Amistad, que el Estado ruso otorga a extranjeros.

Tillerson ascendió a la presidencia de Exxon Mobil en 2006, y apenas un año después la compañía se encontró con un serio problema en Vnezuela: el presidente Hugo Chávez emitió un decreto ordenando a las petroleras en el país a formar empresas mixtas en las que el Estado venezolano tendría al menos 51% de las acciones. Las únicas que no aceptaron fueron ConocoPhillips y Exxon Mobil. Chávez ordenó entonces nacionalizar todos los bienes de ambas en Venezuela.

Exxon demandó a Venezuela ante un tribunal de arbitraje internacional y exigió una compensación de 10.000 millones de dólares. Sin embargo, el Estado terminó pagando solamente 1.600 millones. Mientras, la petrolera fue convertida entre los seguidores del chavismo en un símbolo del “imperialismo capitalista estadounidense” por la propaganda gubernamental.

En 2015, todavía con Tillerson al frente, Exxon se convirtió de nuevo en blanco de la ira oficialista venezolana cuando la compañía anunció el hallazgo de un gigantesco pozo de petróleo submarino en aguas territoriales de Guyana, pero reclamadas por Venezuela. Era año electoral y la popularidad del chavismo ya se había desplomado. El presidente Nicolás Maduro probablemente pensó que una campaña nacionalista contra la petrolera y el vecino mejoraría los números del PSUV. Durante más o menos un mes, desde Miraflores y la Casa Amarilla se habló de poco además de Guyana. Maduro y la canciller, Delcy Rodríguez, repitieron una y otra vez que el presidente de aquel país, David Granger, es una suerte de agente de la Exxon y del imperialismo, con la misión de crear una guerra con Venezuela que justifique una intervención militar norteamericana. El chavismo no subió en las encuestas de intención de voto y, sin resultados en el reclamo contra Guyana, el tema cayó en el olvido.

Tanto en 2007 como en 2015, Tillerson nunca se refirió a los problemas con Venezuela. Ya como nominado al Departamento de Estado, habría declarado al Senado que buscará una “transición democrática” en el país, cuyo gobierno calificó de “incompetente”, según reseñó el medio Latin American Goes Global.

 

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